Raúl y José Manuel

Dos nuevas nuevas denuncias ocurrieron en los últimos días.  Raúl Capote y José Manuel Collera. El primero, profesor universitario y escritor; el segundo, médico pedriata de profesión y ex dirigente masón de la Gran Logia de Cuba. El denominador común: no traicionaron a la patria que los vio nacer. Uno el agente Daniel, el otro el agente Gerardo. Los dos varios años viviendo una piel que no era la suya hasta que recientemente se han revelado sus identidades. La enseñanza: todas las denuncias sacadas a la luz ponen sobre la mesa argumentos acerca de la continuidad de una política de subversión practicada por los gobiernos de Estados Unidos contra Cuba, no importa que el sillón presidencial lo ocupe un republicano o un demócrata.

Una enseñanza: esta pequeña Isla h tenido que desarrollar su capacidad defensiva y cuando de ello se hable, habrá siempre que mencionar el papel desempeñado por los Órganos de la Seguridad del Estado, cuyo mérito mayor es la profunda conjunción que tiene con el pueblo.

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¿Agentes para el cambio?

Frank Carlos Vázquez Díaz descollaba por su facilidad en materia de relaciones públicas. Tenía «chispa» para el contacto con los otros y su habilidad lo llevaba además a estar «en la última» en todo, así que en 1998, en medio del período especial, propone a un grupo de jóvenes artistas crear un proyecto cultural alternativo que diera a conocer sus obras y atrajera la atención, en particular, de los circuitos internacionales. La aceptación fue tan inmediata como entusiasta.

Arte Cubano, como nombraron la página web que entonces vio la luz, se convirtió en «uno de los primeros sitios de su tipo que existían en el país» y constituyó el sustento promocional de lo que comenzaba a gestarse en aquel «pequeño local en La Habana Vieja ubicado en la calle Obispo», recuerda Frank Carlos. Sigue leyendo

El fiasco del experimento

Moisés Rodríguez Quesada le sabe a la historia de los grupúsculos contrarrevolucionarios en Cuba. Vivió entre ellos. Por eso cuando le piden despojarse del velo de la memoria alude a un año: 1980.

Fue en esa época que conoció a Elizardo Sánchez Santa Cruz Pacheco, El Camaján. «Ahí iniciamos una relación» que también se extendió a «otros vinculados con él, en el propósito de crear un movimiento de “derechos humanos en el país», en correspondencia con el añejo interés del gobierno de Estados Unidos de acabar con todo aquello que huela a Revolución en la Isla.

La punta de lanza era esa, pero «ya después Washington ordena que no solamente se crearan esos grupos sino también de artistas, de profesionales de diferentes ramas…, en fin, los de corte político», rememora Moisés, quien fuera primer vicepresidente del llamado Comité Cubano Pro-derechos Humanos surgido por aquel entonces. Sigue leyendo