El San Benito

(En el diario Granma, cada viernes, aparecen un número importante de cirterios de cubanas y cubanos sobre el funcionamiento de nuestra sociedad en general y los problemas que aún tenemos.  La sección Cartas a la Dirección es como una ventana abierta a las opiniones. Socialista desde afuera recomendó en uno de sus comentarios a Kimbombo, el texto escrito por E. Ramos Gutiérrez. Por lo interesante del tema lo “elevé” a la categoría de post, pues además guarda relación con Cambios en Cuba: palo porque bogas, palo porque no bogas)

Llevamos ya 50 años de práctica real del socialismo, y a mi juicio no ha cuajado el necesario “sentido de pertenencia”. El cubano promedio solo se siente dueño de los recursos de todos en aquellas ocasiones en que ha de utilizarlos no para todos, sino para sí mismo. En cambio, cuando se trata de preservar para los demás, crear o incrementar esos recursos sociales, no los llama “mis” o “nuestros recursos”, entonces es cuando el cubano promedio los llama “recursos del Estado”.
Posiblemente otros muchos sean más entendidos que yo respecto a las causas que originan esta falta de un verdadero “sentido de pertenencia”, pero para mí, la respuesta está justamente en las leyes, principios y categorías del marxismo.
Genialmente se expone en los clásicos del marxismo que el ser social determina la conciencia social; el grado de desarrollo de las fuerzas de producción determina la conciencia social de una época y sociedad determinada. En otras palabras, y por extensión, aunque la forma en que pensamos pueda influir sobre la forma en que vivimos, es en realidad la forma en que vivimos la que determina la forma en que pensamos.
Por otra parte, considero algo romántico pensar que los seres humanos podamos ser todo virtudes, ni todo maldad. Una misma persona podría ser capaz de las más nobles hazañas y también de tristes mezquindades, en diferentes circunstancias y ante diversos estímulos. Situaciones de crisis, como nuestro “período especial”, han dado fe de esto.
Luego, si todo lo anterior fuese cierto, hay algunas cuestiones del modo en que pretendemos encauzar nuestro desarrollo económico, que realmente no logro entender.
Si realmente tuviésemos el anhelado “sentido de pertenencia” nuestra economía marcharía sobre ruedas y a todo motor (amén del difícil contexto que nos imponen el bloqueo yanki y las crisis mundiales), si no fíjese en el “cuentapropista” o trabajador independiente de la esquina más cercana. A ese sí que no le roban de su almacén, ni le falta un ápice de lo recaudado, ni le da por gastar en su negocio más de lo que tiene, ni le da por hacer mayores inversiones que aquellas que sabe le reportarán ganancias, ni se le ocurre inflar su plantilla contratando más fuerza laboral que la indispensable, y ni de broma se le ocurre “ajustar” alegremente elevadas sumas de faltantes año tras año.
Pero en tanto las condiciones de desarrollo de nuestra sociedad no propicien ese salto cualitativamente superior en la conciencia predominante, me parece que no nos queda otra opción que valernos de otros resortes que quizás sean menos loables y altruistas, pero que por lo pronto sean más efectivos. Entre esos resortes debería ocupar primeros lugares, el económico-salarial. No solo pagándoles más a aquellos que realizan labores que hoy, resultando imprescindibles, pocos quieren hacer, sino además eliminando cientos o miles de empleos (y salarios) que aparte de ser prescindibles, terminan restando valor real al salario pagado por las labores más necesarias.
En nuestro país tenemos a muchos compatriotas cobrando un salario por realizar tareas poco necesarias, y a la vez tenemos muy pocas personas dispuestas a realizar las realmente necesarias (agricultura, construcción y producción en industrias eficientes y generadoras de bienes o servicios que importamos, o que necesitaríamos exportar para recaudar divisas libremente convertibles).

No imagino una tarea más altruista, difícil y peligrosa que la que realizan nuestros médicos en lo más intrincado de las selvas amazónicas y en los barrios más peligrosos de Venezuela. Sin embargo, no solo aparecen compatriotas dispuestos a realizar esa tarea, sino que por demás tenemos listas de espera para realizarla. Su motivación, nadie lo dude, y sin restar valor a la solidaridad que caracteriza a nuestro pueblo, es principalmente económico-salarial. Por otra parte, conozco de muchas entidades estatales que se pasan varios meses sin un jefe económico y hasta sin un director, o con uno que no es el más capaz, sino solo el que aceptó el cargo, pero que igual le falta capacidad y/o motivación. Luego pretendemos que en esa empresa exista control interno, y se produzca con eficiencia.
Si yo fuese dueño de una empresa, para empezar, me gustaría tener un aparato económico contable suficientemente motivado como para hacerme día tras día un inventario del 100% de los recursos de mi empresa, sin importar día ni horario, y de esclarecerme sobre cuánto me va a aportar cada centavo invertido, o de poner en mi conocimiento quién se llevó hasta un tornillo, antes de que pasen 24 horas del suceso. Sin embargo, tristemente, ese es el equipo económico que en las actuales condiciones difícilmente encuentre en mi país.
La cooperativización de actividades no fundamentales, en contraposición, podría devenir un alivio para la economía, y constituir una fuente de empleo para muchos que dejarían de ser trabajadores estatales.
Teniendo esto, por fuerza, que estar aparejado de una correcta política impositiva. En todo caso (en mi opinión), el Estado solo debería asumir aquellas empresas y actividades que son vitales para la economía y cualesquiera otras que sea capaz de desarrollar eficientemente (además de la salud, educación y las indispensables de administración y control). Cuando eso se logre, entonces será un orgullo y un privilegio trabajar para una entidad estatal. Los trabajadores estatales se esmerarán al máximo en sus labores, estarán fuertemente motivados a mantener sus puestos de trabajo, para lograrlo protegerán los recursos del Estado tanto como sus recursos personales, y finalmente la economía estatal socialista se despojará del injusto “san benito” de ser una economía ineficiente.

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4 comentarios en “El San Benito

  1. En realidad esto estaria muy bueno como tema para una Mesa Redonda durante una semana entera (sin Randy ni la otra senyora que se ponen insoportables queriendole terminar las oraciones a los panelistas).
    En Granma no creo que aparezca respuesta, pues el comentario no es dirigido a ninguna empresa en especifico. Es un tema realmente nacional.
    Deberian invitar al autor para que “defienda” sus ideas y a delegados a la Asamblea del Poder Popular y otros representantes del gobierno y asi hacer la conversacion con el pueblo de la que Raul hablo en su ultimo discurso. Seguro estoy que ese programa se volveria mas popular que los tele-novelones brasilenyos!!

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