Apetito viejo (recordatorio para olvidadizos)

Cuba ocupó siempre un lugar especial en la política exterior norteamericana. Al igual que México y Canadá, la Isla constituyó, desde fecha temprana, un objetivo de la voluntad de engrandecimiento geopolítico de contornos imperiales que caracterizó a las 13 colonias británicas convertidas en los Estados Unidos de América, a finales del siglo XVIII.

Sobre esas apetencias, Thomas Jefferson (1743-1826), presidente número 3 de Estados Unidos (1801-1809), dijo en 1805 que “comenzaba a considerar toda la corriente del golfo como agua jurisdiccional norteamericana”, pensamiento que complementaba de la forma siguiente: ‘En caso de una guerra con España, los Estados Unidos se apoderarían de Cuba’”. (El resto del artículo en La tira del pellejo)

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