La ronda de las sonrisas

Aquí se encuentra la vida y la salud de los niños, dijo emocionada una madre ucraniana ante las cámaras de la televisión nacional. Sus palabras me impulsan a no cerrar mi blog sin referirme al tema: el programa cubano de atención a niños afectados por la tragedia de Chernobil cumple 20 años.

Hay quienes llegaron pequeños y ya son hombres y mujeres curados por la mano solidaria de una Isla anclada en el Caribe que jamás da lo que le sobra (y no es frase repetida)

Abro mi correo y Manuel López, un antillano en Kiev, me manda una nota sobre la condecoración que el jefe de Estado ucraniano, Víctor Yanukóvich dispusiera para Fidel, artífice principal de este proyecto, y Raúl…          

Las cifras aseguran que unos 23 000 menores ucranianos han recibido atención médica en el centro de rehabilitación de Tarará, al este de la capital, donde han logrado superar las secuelas del accidente nuclear más grave de la historia, ocurrido en 1986…

Vuelvo entonces a esa madre ucraniana que vi en la TV que pide inscribir con letras de oro lo que ha hecho Cuba.

Pero, mejor nos basta con observar la ronda de las sonrisas de aquellos que un día fueron niños y regresaron a la vida.

No basta además el reconocimiento de esa misma madre ucraniana cuando recordó que “nuestras palabras después de la catástrofe no las oyó nadie, pero sí las escucho cuba”.

Y pienso en lo que se dice por ahí de Cuba y los derechos humanos…

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